Tu olor se quedó rezagado
y se derrama
cada vez que abro el cajón de mis bragas
chorreándolo todo
de pegajosas gotas de recuerdos
que se resbalan formando hilos muy largos.
En el suelo
un charco de esperanzas perdidas.
María
María
Hoy no me has saludado
tímido
al darme un abrazo de
bienvenida.
No hemos cogido un taxi
que nos llevara hasta
“nuestra casita”.
Hoy me he levantado del
mismo asiento.
Me he bajado de aquel
autobús
en la misma estación
-con dos horas de
adelanto-
y me dispongo a
desandar nuestros recuerdos,
a pasear nuestras
risas,
acariciar nuestros
besos.
Hoy he venido a
despedirme.
No sabía
que también lo iba a
tener que hacer de ti.
María
No hay comentarios:
Publicar un comentario