Gertrude Stein y Alice B. Toklas
25 años de convivencia.
Una de las parejas lésbicas más famosas del siglo XX
A pesar de ser norteamericanas, se
conocieron en París en 1907, el mismo día en que Alice aterrizó en París. Gertrude estaba interesada en
ella desde antes de su encuentro: conocía las dos relaciones lésbicas que había
mantenido Alice en el pasado, a través de las cartas conservadas por una amiga
común. Gertrude tenía ya cerca de 40 años, pero el amor
transformó la represión y amargura que la caracterizaban en una pulsión sexual
y literaria burbujeante. Desde entonces vivieron juntas hasta la muerte de
Gertrude, en 1946.
Reunieron
una extraordinaria colección de pintura, que compraron a precios hoy risibles,
pues tuvieron contacto directo y supieron apreciar las obras de Picasso,
Cézanne, Renoir, Braque, Matisse y otros grandes, cuando muchos de ellos aún no
eran considerados clásicos.
Alice: una cocinera espectacular, preparaba banquetes para Gertrude y sus invitados. Su visble bigote hacía que los niños creyeran que era un hombre disfrazado de mujer. Siempre estuvo a la sombra de
Gertrude, a quien decidió servir y mimar para que hiciera su obra inmortal…. Sin embargo, a
pesar de su aparente insignificancia, Alice era quien controlaba estrictamente
las visitas al círculo de los escogidos que podían acercarse a Stein. Servía de intermediaria con los que deseaban conocer a la diva
incomprendida. Y fue ella quien contribuyó a crearle una leyenda de
escritora extraordinaria cuando, en realidad, las editoriales se negaban a
publicar sus libros por ininteligibles.
Gertrude: con un eterno
sobrepeso, calzada con zapatones enormes, de risa fácil y contagiosa, aunque con un ego
a la vez duro e inflexible, si alguien ponía en duda sus cualidades literarias.
Sibarita golosa de la cocina de “su esposa”, de su “gatita” (como ella llamaba
a Alice delante de todos, sin importarle un comino quien estuviera delante),
deseosa de que se reconociera su genio (lo cual decía sin
ambages y sin sonrojarse lo más mínimo), y aparentando ser la más fuerte,
llamándose a sí misma “el esposo” de la pareja, aunque en realidad el poder
oculto tras las sombras era Alice.
Obsesionada por crear algo nuevo
con el lenguaje, como estaban haciendo otros artistas a su alrededor, intentó
llevar a las letras el concepto del cubismo. Admiraba la obra de Picasso y quería poder describir la realidad como él hacía en sus lienzos, mostrándola
desde muchos ángulos diferentes. Sin embargo, sus esfuerzos por crear algo
realmente original resultaron experimentos fallidos y neuróticos.
A una edad avanzada, Gertrude
contaba ya con una considerable producción literaria no publicada. Y ante la
reiterada falta de apoyo por parte de las editoriales, fue Toklas quien montó
su propia empresa: Plain Edition. Para financiar el proyecto no dudó en
convencer a Gertrude para que vendiera su cuadro de Picasso, Mujer con
abanico, a pesar de
que separarse de él le provocara una gran tristeza.
Gertrude logró dotar al mundo
literario de una de las frases más famosas y citadas de la literatura del siglo
XX: “A rose is a rose is a rose”, que se ha convertido en una metáfora para
designar las cosas que “son de un modo y no de otro”.
¿Quién hubiera imaginado que la
famosa Stein, a quien Hemingway pedía su opinión y cuya crítica aceptaba
agradecido, llegaría a ser un lejano recuerdo para las generaciones del nuevo
milenio, mientras que él mismo conseguiría el Nobel y tendría uno de los
estilos narrativos más estudiados e imitados del siglo?
Y sin embargo, aunque la sombra
del tiempo terminó por caer sobre una de las divas literarias más connotadas de
su época, semejante olvido no ha logrado desvincularla de los llamados ísmos
vanguardistas. Sus experimentos con el lenguaje podrán parecernos pedantes y
absurdos hoy, pero su personalidad y su influencia sobre otros autores
(acrecentada por la vigilancia feroz de su más fiel admiradora, que nunca dejó
de transcribir los ininteligibles manuscritos que la diva emborronaba por las
noches) son inseparables de la época más prolífica y renovadora del siglo
pasado. Gertrude y Alice lograron el milagro de formar parte de la historia
literaria del siglo sin llegar al Olimpo de la literatura.
Fueron esposas, amantes,
confidentes y socias. Se las reconocerá siempre como dos partes complementarias
de un mismo todo. Hasta tal punto que Gertrude Stein titula sus propias
memorias Autobiografía de Alice B. Toklas.
Hablar de ellas es invocar a dos
de las amantes más conocidas de la Rive Gauche parisina. Esta pareja representó
la tradición patriarcal en su máxima expresión.
Alice se convirtió en su esposa
en el más convencional y sumiso sentido del término. Pero también en la primera
mujer con quien compartir y mejorar sus textos y estilo. Junto a ella, Gertrude
equilibró un carácter introvertido y una literatura inmadura aún, y alcanzó
nuevas cotas en la poesía lésbica más explícita escrita hasta entonces. De esta
forma.
En el salón de su casa se congregaban los mejores artistas del momento,
los exiliados y los consagrados (Hemingway, Picasso, Ezra Pound, Braque,
Matisse…) y allí bebían absenta y saboreaban las divertidas recetas de Alice,
que incluían su famoso brownie de marihuana. Sus tertulias incluyeron a
escritores como Ernest Hemingway, Guillaume Apollinaire, Sherwood Anderson,
Thorton Wilder y otros visitantes por el estilo. Algunos como James Joyce, Ezra
Pound, F. Scott Fitzgerald, Sinclair Lewis y Dashiell Hammett, también
tropezaron con ellas en medio de la ajetreada vida cultural de esos días.
En la obra de Stein se transpira
la devoción que Toklas despertaba en ella. La escritora y poeta cayó enferma de
cáncer, y murió en 1946. Su mujer la sobrevivió durante dos décadas, en las que
publicó su famoso libroLas recetas de Alice B. Toklas, donde entremezcla con
originalidad los mejores platos y relatos de su vida.
Alice murió en 1967 entre grandes
apuros económicos, tras el expolio de obras de arte al que la sometió la
familia de quien fuera su mujer. Tenía 89 años, y sus restos descansan en el
cementerio de Père Lachaise en París. Al morir Gertrude, salieron a la luz sus
propios talentos, pero ella pareció haber
sido feliz al centrarse en su relación.

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